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Lo que debes saber sobre los aparatos tecnológicos para la piel

Hailey Bieber, Rosalía o algunas de las famosas con pieles más lustrosas han generado un furor común desde sus redes sociales por esta práctica en el cuidado de la piel: una especie de barrita con luz led que promete otorgar una tez repulpada, brillante, uniforme y sin marcas de expresión, pero ¿qué son estos aparatos y cómo actúan realmente?

La experta en cuidado de la piel Victoria Jane Hiscock, una de las divulgadoras internacionales más reconocidas en aparatología aplicada al cuidado de la piel, explica a EFE las claves de este tipo de aparatos, cuya evidencia respalda desde la firma británica Stylepro, referente en este tipo de tecnologías.

Hiscock, que asesora a profesionales del sector, participa en la evaluación de nuevas tecnologías aplicadas al cuidado cutáneo y divulga el respaldo científico de estas herramientas para favorecer un uso informado y responsable marcando unas pautas claras.

La llamada “glass skin”, nacida en Corea del Sur, ha dejado de ser una tendencia pasajera para convertirse en un objetivo compartido por millones de consumidores que buscan mejorar el aspecto de su piel sin recurrir necesariamente a procedimientos invasivos.

El cuidado de la piel no es una moda, sino una práctica en evolución constante

Para Hiscock, el fenómeno va mucho más allá de una corriente estética. “La ‘glass skin’ no es una moda; es el reflejo de una piel sana”, afirma. En su opinión, ese acabado luminoso “no se consigue con un único producto ni con un único tratamiento”, sino mediante una piel “bien cuidada y que funciona correctamente”.

La experta explica que la evolución de estos dispositivos responde a la posibilidad de trabajar diferentes necesidades cutáneas desde casa mediante distintas tecnologías. “La microcorriente, la terapia LED, los ultrasonidos o la tecnología iónica ayudan a mejorar la firmeza, potenciar la luminosidad y optimizar la eficacia de la rutina cosmética”, señala.

A su juicio, la gran transformación consiste en acercar al consumidor herramientas que antes solo estaban disponibles en clínicas o centros especializados. “La verdadera revolución no es llevar la clínica a casa, sino democratizar tecnologías que ayudan a cuidar mejor la piel desde casa”, resume.

Un tipo de tecnología pensado para un resultado específico

Aunque suelen agruparse bajo la etiqueta de dispositivos inteligentes para la piel, no todos actúan igual. Los modelos más recientes de luz LED, más allá de la incursión en el mercado de las máscaras, permiten trabajar zonas concretas del rostro mediante aplicaciones localizadas.

Las microcorrientes, por su parte, emiten impulsos eléctricos de baja intensidad destinados a estimular la musculatura facial, con el objetivo de mejorar la sensación de firmeza y definición del óvalo facial. Algunos aparatos incorporan varios niveles de intensidad y programas diferenciados para rostro y cuerpo.

El auge de estos dispositivos también ha venido impulsado por las redes sociales y por celebridades que aseguran utilizarlos de forma habitual. Sin embargo, Hiscock invita a mirar más allá de la imagen de las famosas. “Las celebridades han popularizado la tendencia; la ciencia explica por qué funciona”, afirma.

Cada tecnología desempeña una función diferente: “La microcorriente ayuda a estimular la musculatura facial para mejorar la firmeza; la terapia LED favorece los procesos naturales de reparación cutánea; mientras que los ultrasonidos y la tecnología iónica ayudan a optimizar la penetración de determinados activos cosméticos”.

Desde casa no hay milagros si no hay constancia

Si hay una palabra que se repite cuando los especialistas hablan de esta tecnología es constancia. A diferencia de muchos tratamientos realizados en consulta, que buscan un efecto más intenso en una sola sesión, la aparatología doméstica está diseñada para trabajar mediante estímulos repetidos y progresivos.

“La piel responde mucho mejor a los estímulos repetidos que a los tratamientos intensivos”, explica Victoria Jane Hiscock. Por ello, recomienda seguir siempre las instrucciones de cada fabricante y convertir estos dispositivos en un hábito más dentro de la rutina de cuidado de la piel.

La comparación con el ejercicio físico resulta esclarecedora. Igual que acudir una sola vez al gimnasio no transforma el cuerpo, un dispositivo de luz LED o de microcorrientes tampoco produce cambios visibles tras un único uso. Los resultados, señala la experta, dependen de la regularidad.

“Más que buscar resultados inmediatos, el objetivo debe ser mantener una piel sana a largo plazo”, resume.

Del “antiedad” a la longevidad cutánea.

La evolución de estos dispositivos también refleja un cambio en la forma de entender el cuidado de la piel. Frente al tradicional discurso centrado en combatir las arrugas, el objetivo ahora pasa por conservar una piel saludable durante el mayor tiempo posible. “Cada vez hablamos menos de antiedad y más de longevidad cutánea”, afirma Hiscock.

La especialista considera que no existe una edad concreta para empezar a utilizarlos. La decisión depende de las necesidades de cada piel. No obstante, recuerda que, ante enfermedades dermatológicas, fotosensibilidad o determinados tratamientos médicos, siempre conviene consultar previamente con un profesional sanitario.

Uno de los mensajes que más insiste en transmitir la experta es que estos aparatos no pretenden reemplazar el trabajo de dermatólogos o especialistas en medicina estética. “La tecnología doméstica no sustituye a la cabina: prolonga sus beneficios”, asegura.

Los tratamientos profesionales permiten realizar un diagnóstico personalizado y emplear equipos de mayor potencia cuando resulta necesario. En cambio, los dispositivos domésticos ayudan a mantener los resultados entre sesiones y facilitan que el cuidado de la piel forme parte de la vida cotidiana.

“Más modos no significan mejores resultados; significan más posibilidades de personalizar el tratamiento”, resume Hiscock. Su recomendación consiste en identificar primero la necesidad principal de la piel —falta de luminosidad, deshidratación, pérdida de firmeza o pequeñas imperfecciones— y seleccionar el programa adecuado para ese objetivo.

Lejos de interrumpir su uso durante las vacaciones, la especialista considera que el verano puede ser un buen momento para mantener la rutina, siempre que la piel no presente quemaduras solares o irritaciones importantes. “El verano no debería ser unas vacaciones para el cuidado de la piel”, afirma.

El sol, el calor, el cloro de las piscinas, la sal del mar o el aire acondicionado alteran el equilibrio cutáneo, por lo que mantener los cuidados habituales ayuda a minimizar su impacto. Eso sí, recuerda que ningún dispositivo sustituye la protección solar, que continúa siendo la medida más eficaz para proteger la salud de la piel.

La popularidad de los dispositivos demuestra que el consumidor busca cada vez más herramientas que le permitan participar activamente en el cuidado de su piel. Sin embargo, la creciente oferta obliga también a separar las expectativas de la realidad.

Como resume Hiscock, “los mejores resultados llegan cuando la tecnología doméstica y la consulta trabajan juntas”. Una idea que resume el verdadero papel de estos dispositivos: no obrar milagros, sino convertir el cuidado de la piel en una rutina respaldada por la tecnología y, sobre todo, por la constancia.

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