Santy Rodríguez dirigirá a la OSN con obras de Molina, Mendelssohn y Rachmaninoff en el tercer concierto de la Temporada Sinfónica 2026
Santy Rodríguez subirá al podio del tercer concierto de la Temporada Sinfónica 2026 con la memoria de alguien que ha crecido escuchando la respiración interna de la Orquesta Sinfónica Nacional. En la noche del 2 de septiembre, el director asistente de la OSN conducirá, en el marco de sus 85 años, una celebración de especial sentido artístico nacional, un programa que reúne Vuela, Sarambo, vuela…, de José Antonio Molina, el Concierto para violín en Mi menor de Mendelssohn, con Scarlett Martínez como solista, y la Segunda Sinfonía de Rachmaninoff.
En ese orden hay una idea de viaje: primero las raíces, luego la juventud luminosa y, finalmente, el espejo emocional de una gran sinfonía.
Semillas que siguen creciendo
La apertura con Molina posee para Santy Rodríguez una raíz íntima, profesional y afectiva. “José Antonio Molina no es solamente el compositor cuya música vamos a escuchar en este concierto; es mi mentor, mi maestro y, como muchas veces he dicho, mi padre musical”, afirma, sosteniendo que dirigir Vuela, Sarambo, vuela… adquiere el sentido de un acto de gratitud pública, casi una forma de decir desde el podio lo que muchas veces se aprende en silencio, durante años de trabajo y escucha.
Santy lo expresa con una frase que podría resumir el espíritu del concierto: “Maestro, aquí están algunas de las semillas que usted sembró en mí y que hoy continúan creciendo”. La imagen es poderosa porque coloca la temporada aniversario de la OSN en una perspectiva de continuidad. Una orquesta se mide por las obras que interpreta, por las relaciones que cultiva, por los maestros que forman discípulos y por los músicos que convierten esa herencia en una voz propia. En Molina, Santy reconoce el origen; y cuando él está al podio, la semilla convertida en responsabilidad.
Juventud que toca y canta
Después de esa raíz dominicana aparece Mendelssohn, con uno de los conciertos para violín más queridos del repertorio. Santy lo describe como un universo de “juventud, luminosidad, elegancia y movimiento”, una música cuya aparente ligereza esconde una profundidad difícil de sostener. La presencia de Scarlett Martínez como solista amplía el significado de esta estación del programa, porque el concierto permite mirar hacia una nueva generación de intérpretes dominicanos que asume repertorios mayores con ambición y disciplina.
“Tener en nuestro país jóvenes músicos como ella, capaces de asumir un repertorio de esta dimensión, es motivo de orgullo y también de esperanza”, dice Rodríguez. Para Santy, el público escuchará una obra maestra, pero también “una muestra de lo que nuestra nueva generación de músicos dominicanos es capaz de ofrecer”. En esa combinación entre tradición y futuro, la OSN encuentra una de sus razones más visibles.
Rachmaninoff como espejo
La noche cerrará con la Segunda Sinfonía de Rachmaninoff, una partitura de amplio aliento, melodía expansiva y emoción sostenida. Santy entiende que su mayor reto será el control emocional, porque esta música puede llevar al director y al público hacia zonas personales difíciles de administrar. “La música se convierte en un espejo en el que uno termina encontrándose consigo mismo”, afirma, y luego confiesa que en algunos momentos piensa en su madre, que ya no está con él, y en otros en la dicha de ser padre.
Ese nivel de identificación explica por qué Rachmaninoff sigue conmoviendo a públicos actuales. Para Santy, hay compositores “capaces de remover recuerdos, despertar emociones que creíamos olvidadas e incluso crear nuevos recuerdos en quienes escuchan su música por primera vez”. En esa capacidad transformadora se cierra el viaje del tercer concierto: de la raíz dominicana a la juventud de Mendelssohn y de allí a una sinfonía donde la memoria encuentra su propia respiración.
Santy no escogería un episodio del programa para convencer a un joven a acercarse a la música sinfónica, sino “toda la noche”. Esa respuesta define su propósito: que el público entre a la sala de una manera y salga, aunque sea mínimamente, transformado y conmovido.
Fuente: Hoy.com.do




