
Por Héctor Ramírez
Lo que está diciendo Donald Trump sobre el Estrecho de Ormuz suena bien… pero no cuadra con la realidad.
Trump está diciendo que Irán se comprometió a no cerrar más el estrecho y que va a entregar su uranio. Pero Irán no ha confirmado eso. Al contrario, lo ha negado. Entonces, desde ahí ya hay un problema: se está vendiendo algo como cerrado, cuando todavía está en el aire.
Tampoco es verdad que Estados Unidos “liberó” el estrecho. Irán sigue teniendo control en la zona. Los barcos están pasando, aunque de forma limitada, y bajo las condiciones que impone Irán. La tensión sigue ahí. No es una situación normal.
Y si miramos el tema de Israel con Líbano, tampoco hay nada resuelto. Lo que hay es una pausa corta. Eso puede romperse en cualquier momento. Si eso pasa, Irán vuelve al juego otra vez.
Pero lo más importante no está solo allá afuera. Está dentro de Estados Unidos.
Los números no ayudan a Trump. Su aprobación está alrededor de 36%. En economía, que siempre ha sido su fuerte, apenas 29% aprueba su manejo. Y sobre el costo de la vida, baja a 25%.
Y con la guerra, peor todavía: cerca de 60% de los estadounidenses no la apoyan, y más de 60% desaprueba los ataques.
O sea, tiene presión por todos lados.
Entonces, cuando Trump sale a decir que ya todo está resuelto, eso también tiene una lectura política.
Porque si él dice hoy que Irán aceptó todo, y mañana Irán dice que no, entonces Trump puede decir: “Irán no cumplió”. Y con eso tiene una excusa lista para apretar otra vez: más sanciones, más presión o incluso algo militar.
No es la primera vez que pasa algo así. Primero se arma la historia, después se usa.
Y aquí entra lo que ya se había dicho antes: la clave no es solo Irán… son las elecciones de medio término.
Si los republicanos pierden la Cámara de Representantes —y eventualmente el Senado—, Trump se mete en un problema serio. Un Congreso en contra le puede frenar todo, investigarlo y complicarle el panorama político.
Por eso necesita mostrar que está ganando en algo.
Decir que hay paz, aunque no esté del todo clara, le ayuda con la gente y con la economía, sobre todo con el tema del petróleo. Pero al mismo tiempo, dejar cabos sueltos le permite moverse después si lo necesita.
En simple: esto no parece un acuerdo cerrado. Parece más una jugada.
Porque ahora mismo, el problema de Trump no está en Ormuz. Está en el control del Congreso y en todo lo que perderlo implicaría.




