
Por Miguel Collado
In memoriam a todos los héroes caídos en el fragor de la Guerra Patria de 1965.
Era la alborada de nuestra adolescencia cuando estalló la Guerra de Abril en 1965. Teníamos algo menos de once años de edad. No podíamos combatir en ella, pero fuimos testigos oculares de ese fluir espontáneo del amor patrio de un pueblo decidido a construir el sueño de libertad que anhelaba.
La Guerra de Abril de 1965 no solo representó el episodio de mayor trascendencia política y social en la historia dominicana del siglo XX; fue, además, el catalizador de una eclosión literaria sin precedentes. Como antólogos, la tarea asumida a dos manos por quien esto escribe y el escritor Eric Simó de compilar Huellas de la Guerra Patria de 1965: cuentos y relatos no nació de un simple afán histórico-bibliográfico, sino de la urgencia de organizar el caos de la memoria y ofrecer un hogar definitivo a las voces que narraron el asfalto ardiente y el fragor del combate.
Reunir esta cuentística tiene una significación especial: reconocer que la historia oficial necesita de la ficción para ser comprendida en su dimensión humana. El valor de esta selección radica en la autenticidad de sus fuentes: aquí convergen desde los testimonios directos de quienes empuñaron el fusil y la pluma simultáneamente —como Efraim Castillo, Iván García Guerra, Miguel Alfonseca, Antonio Lockard Artiles, Armando Almánzar Rodríguez y Lipe Collado— hasta las reconstrucciones líricas de quienes, años después, buscaron una respuesta al trauma colectivo: Diógenes Valdez, José Alcántara Almánzar, Jeannette Miller, Roberto Marcallé Abreu, Enriquillo Sánchez y Fernando Valerio Holguín. Sánchez, muy joven aún, estuvo muy próximo al fragor de la lucha por sus vínculos de amistad con algunos de los escritores constitucionalistas.

Esta integración de las artes se manifiesta desde la misma portada, que luce un detalle del mural «24 de Abril» del maestro Ramón Oviedo. La inclusión de esta pieza, gestionada por Efraim Castillo, permitió que el propio Oviedo asistiera al acto de puesta en circulación, relatando las circunstancias bélicas bajo las cuales concibió este homenaje pictórico, convirtiendo el libro en una huella simbólica de la lucha contra el invasor. Dicho fue realizado la noche del 28 de julio de 2008, en el histórico Museo de las Casas Reales, situado en la calle Las Damas, esquina Mercedes, en la zona colonial de la ciudad de Santo Domingo.
En el prólogo, el intelectual Manuel Mora Serrano define esta empresa como una «aventura que rinde una labor bibliográfica importante». Mora Serrano destaca cómo los relatos transitan desde la solemnidad épica de Miguel Alfonseca en «El enemigo», hasta la crónica ágil y desgarradora de Efraim Castillo en «Junio 15», o la visión de las pasiones desbordadas en la zona marginal descrita por Marcallé Abreu en «La soga». Según el prologuista, la antología logra capturar ese «territorio infernal de las balas locas» donde el heroísmo de un pueblo en armas se mide frente a frente con la libertad.
La relevancia de este esfuerzo fue refrendada por la Comisión Permanente de Efemérides Patrias, que agradeció la cesión de los derechos de esta “singular antología” por su profundo valor didáctico para las jóvenes generaciones. Al leer estos cuentos, reafirmamos lo que sentenció Mora Serrano: «Más que un libro, este es un homenaje patrio». Es un monumento de papel levantado para que el porvenir comprenda que la libertad dominicana tiene una forma narrativa y visual inolvidable.
En síntesis, las historias reunidas en la antología Huelas de la Guerra Patria de 1965, casi todas escritas por valientes combatientes culturales en el fragor de la lucha, tienen marcadas huellas de esa guerra patria, que vienen a ser como jirones de la memoria fragmentada del pueblo dominicano.
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*Miguel Collado y Eric Simó, editores. Huellas de la Guerra Patria de 1965 (Cuentos y relatos). Santo Domingo: Comisión Permanente de Efemérides Patrias, 2008. Fue reeditada en 2017, excluyendo de esta segunda edición el texto de la autoría de Rafael García Romero por sugerencia justificada del prologuista Manuel Mora Serrano.




