Una carta abierta dirigida a líderes sociales, activistas, intelectuales y defensores de la paz advierte sobre los riesgos de una escalada bélica contra Cuba y convoca a una movilización internacional en defensa de la vida, la soberanía y la estabilidad del Caribe
La Habana, Cuba.– Hay momentos en la historia en que las naciones dejan de hablar únicamente para sí mismas y comienzan a dirigirse a la conciencia del mundo. Momentos en que las fronteras desaparecen ante una pregunta esencial: ¿vale más la vida humana que los intereses del poder?
Desde Cuba ha surgido uno de esos llamados.
En una contundente carta abierta dirigida a la sociedad civil internacional, el periodista y comunicador social Henry Omar Pérez elevó una voz de alerta frente a lo que describe como un peligroso incremento de las amenazas de intervención militar contra la isla, exhortando a líderes sociales, defensores de derechos humanos, intelectuales, artistas y ciudadanos de todos los continentes a impedir que la confrontación sustituya al diálogo.
El documento, titulado “Desde Cuba: un llamado a la vida frente a los tambores de guerra”, trasciende la denuncia política para convertirse en una apelación moral. No solicita privilegios ni concesiones. Reclama algo más elemental: el derecho de un pueblo a vivir en paz.
La carta advierte que determinadas expresiones provenientes de sectores extremistas de Estados Unidos han dejado de ser simples declaraciones ideológicas para transformarse en señales preocupantes de una escalada que podría comprometer la estabilidad regional y poner en riesgo millones de vidas humanas.
“Acudimos a la sociedad civil internacional no para pedir favores, sino para apelar a la justicia y a la memoria”, señala el texto, que sitúa el debate lejos de los discursos geopolíticos tradicionales y lo coloca en el terreno de la ética y la condición humana.
Uno de los ejes centrales del documento es la reivindicación del papel histórico desempeñado por Cuba en materia de cooperación internacional. La carta recuerda que, mientras numerosas potencias han exportado conflictos, la isla ha enviado médicos, especialistas y brigadas sanitarias a algunos de los escenarios más difíciles del planeta.
Las misiones médicas cubanas desplegadas en África durante la epidemia de ébola, en Haití tras desastres naturales y en decenas de países durante la pandemia de COVID-19 son presentadas como evidencia de una vocación solidaria construida durante décadas.
“Mientras otros exportan armas, Cuba ha exportado vida”, afirma el texto en una de sus expresiones más contundentes.
La preocupación expuesta por la sociedad civil cubana no se limita al destino de la isla. La carta advierte que cualquier conflicto militar en el Caribe tendría consecuencias impredecibles para toda la región, provocando desplazamientos humanos, inestabilidad económica y una crisis humanitaria de grandes proporciones.
El documento rechaza la idea de que una eventual intervención pueda presentarse como una operación limitada o de carácter quirúrgico. Por el contrario, sostiene que las principales víctimas serían civiles inocentes: niños, ancianos y familias enteras que quedarían atrapadas en las consecuencias de una confrontación armada.
La misiva también constituye una crítica frontal a una visión de la política internacional basada en la fuerza. Recordando las lecciones más dolorosas del siglo XX y de las guerras recientes, sostiene que las bombas jamás han construido democracia ni reconciliación, sino que han dejado a su paso destrucción, orfandad y resentimiento.
En ese contexto, el texto reivindica la vigencia del Derecho Internacional, la soberanía de los Estados y los principios contenidos en la Carta de las Naciones Unidas como pilares indispensables para la convivencia entre las naciones.
La carta concluye con una convocatoria urgente a la movilización mundial. Exhorta a organizaciones sociales, movimientos pacifistas, instituciones académicas y líderes comunitarios a pronunciarse públicamente en defensa de la paz, promover soluciones diplomáticas y proteger el derecho de las futuras generaciones a crecer lejos del ruido de las armas.
Más que una declaración política, el documento se presenta como un alegato en favor de la vida. Una defensa de la dignidad humana frente a la lógica de la confrontación permanente.
“Detengan la mano del agresor antes de que sea tarde”, expresa el texto en uno de sus pasajes finales.
Y quizá la frase que mejor resume el espíritu de todo el mensaje sea también la más sencilla y poderosa:
“La humanidad no necesita más guerras; necesita más médicos, más libros y más pan”.
Con esas palabras, la sociedad civil cubana intenta trasladar una discusión geopolítica al terreno donde finalmente terminan todas las guerras y todas las decisiones de poder: la vida de las personas.




