El riesgo de desarrollar demencia no depende únicamente de la edad o de la genética. El país o la región donde una persona vive también puede modificar la exposición a factores que favorecen esta enfermedad, según estudio internacional que analizó a más de 214.000 adultos mayores de 14 países y regiones.
La investigación, presentada durante la Conferencia Internacional de la Asociación de Alzheimer (AAIC) 2026 y publicada en The Lancet Healthy Longevity, concluye que los principales factores de riesgo modificables para la demencia no se distribuyen de la misma manera en todas las poblaciones, por lo que las estrategias de prevención deben adaptarse a las características de cada territorio.
Los investigadores identificaron diferencias marcadas entre regiones. Mientras que el bajo nivel educativo era uno de los factores predominantes entre los adultos mayores de China, el exceso de peso corporal tenía una presencia mucho mayor en Estados Unidos. Estas variaciones reflejan que el contexto social, económico y sanitario condiciona el perfil de riesgo de cada población.
El estudio también pone de relieve el papel de los factores ambientales y sociales en la salud cerebral. La educación, el acceso a servicios de salud, los hábitos de vida y las condiciones en las que las personas envejecen pueden influir significativamente en la probabilidad de desarrollar demencia. A ello se suman otros elementos del entorno, como la contaminación atmosférica, que cada vez cuenta con mayor evidencia como un factor asociado al deterioro de la salud cerebral y otras enfermedades crónicas.
A pesar de las diferencias entre países, los científicos detectaron patrones comunes. Los factores cardiovasculares, como la hipertensión y el colesterol elevado, suelen aparecer agrupados en distintas regiones, al igual que conductas como el tabaquismo y el consumo de alcohol. Esta coincidencia abre la puerta a diseñar intervenciones que permitan abordar varios factores de riesgo al mismo tiempo.
Los autores analizaron doce factores de riesgo modificables previamente identificados por la Comisión de The Lancet sobre demencia, entre ellos la pérdida de audición, la depresión, la inactividad física y el aislamiento social. El objetivo fue determinar cómo varían según la edad, el sexo, el nivel educativo y el contexto geográfico de cada población.
Los resultados refuerzan la idea de que no existe una fórmula universal para prevenir la demencia. En lugar de aplicar las mismas políticas en todos los países, los especialistas proponen desarrollar estrategias ajustadas a las necesidades locales, priorizando los factores de riesgo más frecuentes en cada región y fortaleciendo aspectos como la educación, la prevención cardiovascular y el acceso oportuno a los servicios de salud.




