
Por Rafael Menoscal Reynoso
Educar en valores es esencial para que un país pueda echar hacia adelante. La oportuna iniciativa legislativa sometida en la Cámara de Diputados para impartir moral y cívica en la educación pública y privada tropieza con una falla estructural lapidaria: ¿Quién enseña lo que no se sabe?
El deterio del sistema educativo y el vacío histórico en las universidades dominicanas han marginado la formación ética, dejando que la asignatura recaiga en la improvisación pedagógica o en talleres express superficiales. La compleja materia del comportamiento de niños y adolescentes exige competencias profundas.
Si el maestro carece de un criterio cimentado en la reflexión, la clase se reduce a una repetición estéril de fechas patrias. Sin cimientos docentes sólidos ni transformaciones curriculares reales, las leyes naufragan en letra muerta.
La educación jamás podrá avanzar sobre la improvisación.
¡Formenos maestros en valores!
¡ES MI CRITERIO!




