Esta semana en “Espejo de tinta”, presentamos a Ruth Vera (1995), quien es educadora, locutora, escritora y gestora cultural. Egresada de la Licenciatura en Educación, mención Lengua Española y Literatura orientada a la Educación Secundaria, por la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM). Miembro del taller literario de dicha universidad. Egresada de la Escuela Nacional de Locución Profesor Otto Rivera. Escribe artículos sobre educación y literatura para los periódicos Listín Diario y Acento. Tiene publicado El cirineo y otras minificciones, bajo el sello editorial Libertad. Actualmente se desempeña como Social Media Manager y en áreas tecnológicas, integrando comunicación, creatividad y estrategias digitales en proyectos culturales y educativos, con especial interés en la promoción de la lectura y la formación crítica de la juventud.
Ruth Vera es sinónimo de una escritora y activista cultural y educativa que no deja nada al azar. Hace que las cosas sucedan, y eso lo demostró desde su ingreso al Taller Literario PUCMM, donde se propuso, desde el primer día, asumir su turno como diosa creadora. Es lo que dentro de nuestro colectivo se conoce como una hormiga laboriosa. Con Vera, uno puede tener la certeza de que las cosas ocurrirán.
Junto a Génesis Ramos, ha sido de las primeras integrantes en publicar su libro, el cual ha alcanzado una difusión sorprendente. En las piezas que presentamos en esta oportunidad, Vera exhibe una marcada perspectiva de género y un eficaz uso de la ironía.
Estos microrrelatos deconstruyen mitos románticos y arquetipos culturales, como los procedentes de la literatura clásica y los textos bíblicos, para visibilizar la opresión, el desengaño amoroso y la pérdida de identidad femenina. La brevedad de las piezas funciona como un mecanismo de impacto textual que subvierte las expectativas del lector, transitando con agilidad desde la amargura del abuso psicológico hasta el humor negro del giro inesperado. En última instancia, los microrrelatos componen un mosaico de emancipación donde las protagonistas deciden, ya sea mediante la metáfora del sacrificio o el despertar tecnológico, romper el ciclo de sumisión para recuperar el control de su propio destino.
Mujer de Lot
Miraste hacia atrás, ¿por qué lo hiciste? Y no me digas que sentiste lástima de aquella ciudad conocida por ser tan malvada. Aunque, en realidad, he de comprender en parte la historia, ya que fue el hogar donde viviste tus mejores momentos. Era el lugar donde sentías ser libre de reír a carcajadas por las calles, sin temor a ser coartada.
No olvido esas ocasiones cuando salías a comprar frutas, y de un momento a otro armabas toda una fiesta con tu encanto y alegría en las calles del mercado. Toda la gente te seguía y hablaban de mil y una cosas, y cantabas mil y una canciones que embellecían la mirada de todo el que volteaba a verte.
Pero todo cambió cuando decidiste entregar el corazón a ese hombre, aquel que te enamoró por su hombría, pero que te alejó con su egoísmo. Que te obligó a dejar de ser tú misma y apagó tu encanto, tu luz. Ya no eras la misma de la juventud, ya no sentías placer por la vida ni te interesaba bailar como antes. Ya no eras feliz.
Miraste atrás con coraje, porque preferías mil veces convertirte en sal, que pasar tus días vagando con el hombre que te arrebató tu identidad. Preferías mil veces convertirte en sal, que pasar el resto de tu vida con el hombre que te robó tu libertad. Preferías mil veces convertirte en sal, que seguir viviendo sin vivir.
Mientras recuento la historia creo entenderte. Merecías amor, merecías respeto, merecías ser recompensada por tu entrega y tu dedicación; sin embargo, al tomar esta decisión se marcó en la historia solo la peor parte, aquella que la gente menciona y repite: que desobedeciste el mandato divino. Pero nadie te defendió ni vio el cambio entre la mujer de la juventud y la de ese momento. Nadie nunca indagó por tus motivos.
Entiendo que mirar atrás no fue la mejor opción para salir de aquella cárcel, pero finalmente, no fue la sal quien arruinó tu vida.
Mi primer amor
Lo quería con todo mi corazón. Aunque él no me hablaba, me demostraba su afecto cada día de una manera especial. Me enamoré rápidamente y supe que lo nuestro iba en serio. Anhelaba tenerlo a mi lado para siempre, pero mis padres aseguraron que lo nuestro no duraría mucho.
Reuniendo todo mi valor, me planté frente a ellos un día y los miré fijamente a los ojos. Les dije que, a pesar de que no lo entendieran, me quedaría con él y lo cuidaría con todo mi amor. Prometí arrullarlo entre mis brazos para protegerlo del frío y, aunque ya era bastante crecido, yo misma me encargaría de darle de comer. Nada ni nadie nos separaría, porque estábamos destinados a estar juntos por siempre.
Cuando vino a caer la noche, ya por mi rostro caían saladas lágrimas de decepción, a medida que saboreaba su cuerpo frito en harina, con un tazón de arroz blanco.
Receta de café negro
Mientras cae la tarde, me antojo de un café negro… como tu alma.
Entro a la cocina y noto que en la despensa solo queda un último poco de aquel preciado polvo, como el último que tú y yo echamos aquella mañana en la oficina.
Tomo la cafetera que está en aquel lugar especial donde te tenía yo en mi vida: cerca, para ser tomada fácil.
Al abrirla, noto que aún mantiene adherida el asa, pero que se concibe como derretida por aquellas quemaduras que ha ido conteniendo tras el paso del tiempo. Quemaduras que me recuerdan heridas de fuego, un fuego que me quema solo de pensarte.
Vierto el agua y comienzo a preparar el café. En este punto siento que mis ojos se llenan de lágrimas. No sé si lloro porque ya no estás, o si lo hago porque recuerdo lo pésima que decías que soy en la cocina.
Cierro la greca apretando con fuerza, de la misma manera que me apretabas entre tus piernas, pero cierro este ciclo de nuestras vidas, no sin antes haber echado el café. No le echaré azúcar porque nada de lo que viví contigo fue dulce; al contrario, se sintió como una perpetuidad amarga y difícil de digerir.
Me recuesto en el sofá, dispuesta a descansar mientras el café termina de prepararse. Durante esos minutos, me dejo llevar por un ligero sueño. De pronto, un aroma familiar me llega a la nariz, pero no tiene el agradable olor que debería.
Percibo que el café no sube como corresponde. Me levanto y reviso la cafetera, solo para darme cuenta de que en realidad no había vertido el agua como pensaba. Quizás fui yo la culpable de este descuido, o tal vez el cansancio logró vencerme por completo.
En este punto de mi vida, prefiero apagar el fuego, resarcir mi error y volver a empezar.
Blancanieves no tan blanca
Blancanieves, tan blanca y dulce, la más bella de todas… Pero, espejito, espejito, ¿qué se puede esperar de una adolescente que con 14 años ya vive con siete hombres, y un desconocido tiene que besarla para que despierte de su sueño de muerte?
La sirenita y su decisión
Lo que no puedo entender es qué tiene de romántico renunciar al encanto de tu propia voz para correr detrás de un hombre, hacia un destino incierto.
Entre líneas
Él estaba seguro de que nunca se iría; ella supuso que ya no la quería. Otro descubrió el punto medio entre quererla y saber que, en cualquier momento, podría perderla.
Fantasía
Me costó muchos dientes darme cuenta de que no existía el hada.
Advertencia de mi horóscopo
Hoy mi horóscopo me dijo que tuviera extremo cuidado, pues vería a una persona que en el pasado me hizo mucho daño. Hoy vi a mi ex… y a mi suegra.
Pero no estás loca
Suena al tipo de veneno que sabes que no vas a comer. Pero huele bien, y si un día tienes mucha hambre, a lo mejor lo saboreas para ver si sabe a lo que huele, sin la intención de comerlo porque “no estás loca”, pero nunca se sabe en qué termina.
Mujer 2.0
Lo despertó con el “buenos días, querido” de todos los días, pero esta vez le había agregado un tono de satisfacción por el acto de la noche anterior. Despertó como se había programado, preparó el desayuno, el café y calentó el agua de la bañera con sus propias manos. Él estaba encantado con su trato, y pensó que, por el mal genio de su personalidad, no merecía una pareja como ella. Llegó al trabajo en tiempo récord, pero tuvo que regresar a la casa apresurado porque había olvidado desconectar a su esposa.
Tomado de Valentín Amaro / El Caribe




