Reconocido como el atleta más grande de la historia dominicana, Sánchez recorrió la pista del Estadio Olímpico ante los aplausos y las ovaciones de miles de espectadores que se dieron cita en la ceremonia inaugural
Félix Sánchez recibió el honor de encender el pebetero de los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026, en uno de los momentos más emotivos de la ceremonia inaugural y como reconocimiento a su legado en el deporte dominicano.
El doble campeón olímpico y mundial protagonizó el cierre de un espectáculo de más de tres horas, marcado por un amplio despliegue tecnológico, música y manifestaciones culturales.
Sánchez recibió la antorcha y recorrió una vuelta y media del óvalo del Estadio Olímpico Félix Sánchez, unos 600 metros, mientras saludaba a un público que lo acompañó entre aplausos y ovaciones.
La emoción fue evidente en el rostro del atleta, cuya carrera contribuyó al despegue internacional del deporte dominicano. Su participación también representó un homenaje a las generaciones de deportistas y dirigentes que, durante las últimas seis décadas, han ayudado a construir la historia deportiva del país.

Tras completar el recorrido, Sánchez subió a la tarima instalada en el centro del terreno y apuntó la antorcha hacia el pebetero, ubicado en el lado este. La acción activó un sistema de luces y drones que culminó con el encendido de la llama centrocaribeña.
El fuego permanecerá encendido durante el desarrollo del certamen, que concluirá el 8 de agosto.
Un recorrido por la historia deportiva dominicana
Antes de llegar a manos de Sánchez, la antorcha realizó un recorrido cargado de simbolismo y reconocimientos a distintas figuras del deporte nacional.
El trayecto comenzó en la entrada oeste del Centro Olímpico Juan Pablo Duarte, donde Carla Read García Muñoz recibió la llama frente al memorial dedicado a su abuelo, Ulises García Saleta, “Wiche”.
García Saleta es considerado el padre del olimpismo dominicano, arquitecto de la creación del complejo deportivo y gestor de la sede de los XII Juegos Centroamericanos y del Caribe de 1974.
Carla Read García Muñoz entregó la antorcha a Aida García Repley, nieta del inmortal del deporte Enrique Repley Marín, figura vinculada con el fomento de la actividad deportiva desde la década de 1960.
Posteriormente, la llama pasó a descendientes de Roque Napoleón Muñoz, primer dominicano en convertirse en miembro del Comité Olímpico Internacional. Su nieta, María Laura García Muñoz, la llevó hasta José Joaquín Puello Herrera, expresidente del Comité Olímpico Dominicano y gestor de los Juegos Panamericanos Santo Domingo 2003.

Milagros Cabral también recibió la antorcha
A la entrada del estadio, Puello Herrera entregó la llama a Milagros Cabral, excapitana de las Reinas del Caribe, quien fue recibida con una cálida ovación.
La participación de Cabral representó un reconocimiento a su trayectoria con la selección dominicana de voleibol y a sus aportes como una de las principales figuras del deporte femenino del país.
Luego de un breve recorrido, la exvoleibolista entregó la antorcha a Amaury Cordero, único medallista de oro dominicano en los XII Juegos Centroamericanos y del Caribe de 1974.
Cordero la cedió al exbaloncestista José “Boyón” Domínguez, quien posteriormente la entregó a la expesista Yudelquis Contreras. La llama pasó después al expelotero Juan “Piñao” Ortiz y, posteriormente, a la exbaloncestista Teresa Durán.
Durán la entregó al propulsor Isaac Ogando, quien la pasó al exboxeador Félix Díaz. El relevo continuó con el exvelocista paralímpico Robert de los Santos, encargado de cederla finalmente a Félix Sánchez.
El cierre tuvo un significado adicional para el doble campeón olímpico: recorrió la misma pista en la que conquistó la medalla de oro de los 400 metros con vallas durante los Juegos Panamericanos Santo Domingo 2003, nuevamente ante un Estadio Olímpico repleto.




