
Por Rafael Menoscal Reynoso
Hay un sujeto en República Dominicana que, lejos de ser pintoresco, resulta vulgar e indecente, y está logrando su objetivo: que hablen de él. Porque repetir un nombre, para bien o para mal, en política a veces da resultados; algo que, por supuesto, yo jamás haré.
Tratar de subir al vagón de la política sostenido del chantaje y de una supuesta popularidad mediática no dará ningún fruto. La desfachatez y la inmundicia no deben tomar cuerpo en territorio dominicano. Esto no se trata de una aspiración popular ni un fenómeno político al estilo de los conocidos en otras naciones, sino de una simple insolencia.
Aun con las prácticas indeseables de muchos políticos, nuestro sistema de partidos conserva madurez. La sociedad dominicana debe valorarse y evitar hasta mencionar el sobrenombre de dicho personaje.
Las futuras generaciones no merecerían semejante afrenta.
¡ES MI CRITERIO!




