Un estudio publicado en la revista científica Criminology ha abierto una nueva línea de investigación sobre los posibles efectos de los medicamentos GLP-1, como Ozempic y Wegovy, más allá del tratamiento de la diabetes tipo 2 y la obesidad.
Los investigadores encontraron que quienes utilizan actualmente estos fármacos presentan una relación significativamente más débil entre la impulsividad y las conductas violentas.
La investigación, liderada por científicos de la Universidad de Rutgers (Estados Unidos), analizó datos de una encuesta nacional realizada a 7,521 adultos estadounidenses. Para el análisis principal se centró en 821 personas que habían utilizado medicamentos GLP-1 en algún momento, comparando a los usuarios actuales con quienes habían dejado el tratamiento.
Los resultados mostraron que la asociación entre impulsividad y comportamiento violento fue aproximadamente un 62 % menor entre los usuarios actuales del medicamento. Asimismo, la relación entre el consumo de alcohol y los actos violentos disminuyó alrededor de un 52 % en comparación con quienes ya no lo utilizaban.
Los autores explican que estos medicamentos podrían actuar sobre circuitos cerebrales relacionados con la recompensa, la regulación del estrés y el control de los impulsos. En lugar de eliminar la impulsividad, los GLP-1 parecerían dificultar que un impulso se convierta en una acción violenta.
Sin embargo, los investigadores insisten en que los resultados no prueban que Ozempic reduzca la criminalidad ni que deba considerarse un tratamiento contra la violencia. El estudio es de tipo observacional y transversal, por lo que únicamente identifica asociaciones y no establece una relación de causa y efecto.
«Vemos este estudio como un primer paso, no como una respuesta definitiva», señalaron los autores, quienes consideran necesario realizar ensayos clínicos y seguimientos a largo plazo para confirmar estos hallazgos.
Especialistas ajenos a la investigación también recuerdan que la violencia es un fenómeno complejo influido por múltiples factores, entre ellos el contexto social, económico, psicológico y familiar.
Por ello, aunque los medicamentos puedan influir en algunos mecanismos cerebrales relacionados con el autocontrol, no sustituyen las políticas de prevención ni las intervenciones en salud mental y seguridad pública.
El estudio se suma a una creciente evidencia de que los agonistas del receptor GLP-1 podrían tener efectos sobre conductas relacionadas con las adicciones, el consumo de alcohol y otros comportamientos compulsivos, ampliando el interés científico sobre el impacto de estos medicamentos en el funcionamiento del cerebro más allá de la pérdida de peso.




